
Nunca segundas partes fueron tan buenas
Santiago Tobar
Corría por el borde del plato del reloj tan rápido como las piernas me lo permitían. Bajo ellas pasaban las marcas impresas de los minutos a razón de una por segundo y cada cinco marcas un número gigante pintado en el suelo. Atrás quedaba el cuatro. El segundero avanzaba con un ruido ensordecedor, como si lo arrastrara el mecanismo de un molino. De momento le sacaba siete segundos de ventaja, aunque no sabía por cuánto tiempo. Al llegar al nueve aflojé el ritmo y perdí dos segundos. No lo conseguiría. Antes o después me daría alcance. Justo cuando mi moral estaba a punto de desfallecer me paré y caí en la cuenta de que cuanto más cerca estuviera del centro menos espacio tendría que recorrer y podría pensar en cómo escapar. Entonces me sorprendió un impacto seco y contundente y el tiempo se me echó encima.
Historia de la relatividad
Colección Matarratos
8,00€
10x14,5 cms.
96 págs.
Ilustraciones de Patxidifuso.
Próximamente.